En la Biblioteca Municipal de Monte Alto tuvo lugar el pasado jueves el primero de una serie de encuentros que se extenderán por toda la ciudad, para intercambiar maneras de tirar de la vida entre todos.
Mientras la Torre de Hércules se iluminaba de rojo, junto a globos errantes y otros reclamos que inundaban el ambiente para conmemorar el 150º aniversario de la Cruz Roja, un grupo de ciudadanos se preguntaba sobre la institucionalización de la solidaridad en un movimiento asociativo, como fuerza de desarrollo de una sociedad justa y beneficiosa para todos.
Catástrofes y emergencias no han faltado que demost
raran la capacidad resolutiva, de organización y disposición de la institución de la Cruz Roja para paliar dramáticas situaciones, pero en el goteo del día a día de personas abandonadas, desplazadas, necesitadas y desesperadas por circunstancias individuales que sobrepasan el entendimiento, como terremotos o eclipses en la Edad Media, no se encuentran soluciones, ni recursos suficientes.
Las asociaciones, como Renacer, se multiplican en A Coruña para atender a la gran variedad y aumento de estas situaciones, que forman parte del cataclismo contemporáneo por excelencia, la crisis. Son agrupaciones de personas que se preocupan por evitar la exclusión del tejido social de los más vulnerables o más expuestos a las singularidades de los acontecimientos, en un ejercicio que busca la participación social como medio indispensable.
En esta crisis y con furor renovado, vemos como los factores de cohesión social que transmite la solidaridad, como la educación del porvenir, nuestra salud, la atención a los desfavorecidos, que es la base de nuestra cultura y, por tanto, la condición de nuestra libertad creativa, están en entredicho por la fuerza descontrolada del individualismo, que toma su vara de medir del dinero, una medida que sobrepasa fronteras, costumbres y equilibrios humanos.
Las asociaciones solidarias actúan como la vanguardia en este nuevo desafío, en el que peligra la convivencia y la posibilidad de realización de nuestros itinerarios personales en un marco de juego justo. Las administraciones y las grandes empresas empiezan a tener en cuenta sus demandas, porque plantean valores sostenibles para el desarrollo.
Desde la atención cercana dirigida a conflictos y necesidades inmediatas, se logra que la comunidad se enriquezca con nuevos e inesperados elementos de crecimiento. “Creemos en la Esperanza” muestra como delincuentes, enfermos y desarraigados pasan a convertirse en personas con conocimientos, disposición y trabajo útil para su aprovechamiento por el entorno. Son evidentes las consecuencias económicas, pero más trascendente es la capacidad de transformación de las expectativas personales desde una situación de penuria social.

Renacer ha organizado el ciclo de charlas “La fuerza de la solidaridad” como un llamado para la reflexión sobre el papel de la solidaridad que los vecinos pueden desplegar al nivel de la cotidianeidad, como premisa de su bienestar. Casos se relatan en “Creemos en la esperanza” de vuelcos vitales, en los que fue indispensable la labor solidaria para reencaminar el sentido de la vida. Y situaciones previstas por los analistas para un futuro inmediato, que solo la fuerza de la solidaridad puede hacer frente de forma feliz y duradera.
En la Biblioteca Municipal de la Sagrada Familia este jueves 15 de mayo a las 19:00 es la siguiente parada en este ciclo, donde colaboradores y usuarios de Renacer darán paso a las inquietudes y sugerencias de los asistentes. Así, desde la participación y el conocimiento cercanos se van construyendo las bases de una nueva solidaridad ciudadana.

Bien. Me apunto..
Me parece una reflexión muy acertada sobre la solidaridad,tan necesaria siempre,no solo en éstos momentos de crisis.